25/5/11

Los cristales

Cristales y superficies acristaladas son lo más engorroso para limpiar. Aunque los resultados parezcan rápidos y satisfactorios, no lo son. Tanto cristales como azulejos, como metacrilato.

En azulejos y cristales, lo más adecuado, si están muy sucios, llenos de arena y de otros restos, es tomar un poco de agua con mistol y unas gotas de lejía, por ejemplo. Dos baldes, uno con agua limpia y otro con agua jabonosa y un estropajo que no raye mucho, además de un paño.  Se toma el paño con agua jabonosa y se frota el cristal  o el azulejo hasta eliminar la suciedad más dura. No va a quedar reluciente, aviso. Quedará muy empañado. Entonces se enjuaga con el agua limpia. Mejor usar dos trapos distintos. Así se van limpiando todos los azulejos y cristales. Se va cambiando, poco a poco, el agua jabonosa y el agua de aclarado. Es conveniente eliminar todo el jabón del cristal o del azulejo y dejarlo bien limpio aunque no brille y se vean los churretes del agua.

Por otro lado es conveniente que queden bien secos.

Se puede usar un cepillo especial de limpiar cristales pero nunca queda bien.

Este procedimiento se realiza con cristales muy sucios. El que sigue se hará a continuación o si los cristales o azulejos no tienen demasiada suciedad.

A continuación se toma el cristasol y dos pedazos de papel de cocina. Los papeles se ovillan, es decir, se arrugan y se forman dos pelotas con ellos. Uno servirá para limpiar y otro para secar y dar brillo.

Se echa el limpiador sobre el cristal y con uno de los papeles se extiende por toda la superficie. Con el otro se  seca. Esta operación tarda unos segundos y entonces, el cristal sí brilla y está tan limpio que parece que no existe.
 
Con los azulejos se trabaja igual.

Si quieren mirar si en realidad han quedado bien, miren de soslayo el cristal o el azulejo. No se veran rayas ni manchas de grasa ni nada. Siempre es mejor limpiar cuando no da el sol sobre la superficie.



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