Ay la vajilla. Esa gran desconocida que usamos diariamente pero a la que se presta una atención mínima.
No nos damos cuenta de que lo que comemos se asienta ahí y por tal razón se ha de tener mucho cuidado.
Si puede ser posible la vajilla jamás ha de entrar al cuarto de aseo.
Se ha de lavar o en el lavavajillas o a mano en agua jabonosa con una gota o dos de lejía. Bien aclarada. Nadie se morirá por ello.
Además si se han de poner a secar ha de hacerse encima de un paño seco y limpio o en un escurreplatos también seco.
Si los platos tienen grasa se dejarán en un balde con agua jabonosa. La grasa se desprenderá sola. Así ocurre con las cacerolas y sartenes.
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