6/3/11

Odio a la gente 1.3.

Aquella noche durmió tranquila y triste. Se había librado por unos segundos de haber sido violada y haber concebido un hijo. Como María. Pero la madre de María no era como la suya y aquel cochino violó a su madre, a sus hermanas que eran unas niñas y a María por unas monedas de oro para poder comer. La madre de María buscaba a hombres por el camino a cambio de oro o plata y no temía vender a sus hijas para que le dieran paños, alhajas o utensilios buenos. María había concebido y parido un hijo y una niña y no era más mayor que ella. Ahora no podría casarse con Benito el pastor cuando volviera de la guerra. Por que no era virgen y por que Benito no la querría con dos hijos sin saber quién era su padre. La codicia las había marcado. Y las niñas Beni y Jerónima, ni siquiera han tenido tiempo de ser niñas. Ya eran mujeres con nueve y diez años y, en breve, también con hijos y sin padre. ¿En qué pensaba aquella madre?

¿No tenían miedo del castigo divino? Anduvo por allí Teresa de Jesús enseñando a las damas y las mujeres sobre la decencia, la honestidad, la santidad. ¿Cómo podríamos aprender de esas cosas estando solas, sin los hombres, a merced de los soldados portugueses y de los mercenarios que iban a las guerras contra Francia? Aquella guerra que nunca terminaría. Que dejen a las mujeres con sus hombres y verán cómo no vuelven a pecar.

No podía dormir y se levantó. Al colocar el pie en el suelo notó un tacto suave. Otra hoja de papel. Se la guardó debajo de la almohada. No quería disgustar a su madre que estaba agotada tras haber cavado la tumba del mercenario y al día siguiente tenían mucho trabajo que realizar. se acercó a la ventana. El vidrio dejó pasar otro rayo de luna y leyó lo que estaba escrito en el papel:

"¿A que nunca os habéis preguntado por qué una mujer se vuelve loca y grita? ¿Por qué está gorda? ¿Por qué se abandona, se afea y se vuelve vieja antes de tiempo? Qué fácil es criticar sin conocer. Pero eso lo hacéis todos, todos. Os creéis los dueños del mundo y criticáis gratuitamente porque sois jóvenes, tenéis dinero o belleza, porque tenéis poder.
¿Sabéis una cosa? Sois más pequeños, feos, viejos y locos que yo. Yo manifiesto fuera mis imperfecciones y guardo el oro en mi corazón. Vosotros os ponéis máscaras y en vuestro corazón no habéis madurado. Sois feos por dentro por eso a los demás les enseñáis vuestra fealdad despreciándolos, hablando mal de ellos a sus espaldas, evitándolos, mintiendo, criticando. Sois unos cerdos cabrones y no sabéis vivir. Y vosotras, princesitas, unas cerdas cabronas.
Yo casi me muero al nacer. Asfixiada. A lo mejor tendría que haberme muerto de verdad para no ver la clase de mierda de mundo en el que iba a tener que vivir. No sé para qué me salvaron la vida. Para vivir en un mundo de asco."

Esa persona era una mujer. También estaba cansada, como madre. Pero desesperada, como la madre de María. Ella pronunciaba unas palabras similares a las de esa persona. No sabía con quién hablaba pero debía de odiarlas mucho para utilizar expresiones tan violentas. Si su madre viera esa hoja, la castigaría y con razón.

Buscó por el suelo de la habitación otras cuartillas similares y encontró una más pero la guardó bajo el colchón con la otra. Mañana movería los muebles y las depositaría todas en el mismo lugar. Malhaya el momento en que su madre la encontrara y la castigara por leer ese tipo de letras.

Se echó a dormir, ahora más tranquila. Una estrella cayó del cielo hacia ninguna parte y sus ojos ya estaban descansando plácidamente.

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