Gracias a los prejuicios por permitirnos mejorar en unos aspectos y ser verdaderos diablos en otros.
Sin los prejuicios, no se estaría encontrando soluciones para luchar contra la obesidad, alienando a los obesos, sobre todo a los que ingieren enormes cantidades de alimentos, discriminándolos.
Gracias a los prejuicios se causan enormes perjuicios a los raros, discapacitados, tímidos, feos, viejos, pobres y amargados por que son alimañas que no deberían existir en una sociedad tan perfecta y con una imagen tan bonita como la nuestra. Da igual el interior - típico de una España que sigue sumida en la picaresca barroca - de la persona: que sea ladrona, egoísta, envidiosa, que difame y que sea deshonesta y viole, psíquica y fisicamente a los iguales de su entorno para conseguir sus caprichos. Con tal de que sea guapa, hable bien y tenga una imagen perfecta, el resto sobra. La cámara es la que dicta las normas y si no entra por la cámara, como si no existiera. Cámara fabricada por seres humanos o por otras máquinas concebidas y pensadas por otros seres humanos tan viscerales como el resto de la raza pensante y bípeda que destroza el planeta y a sus semejantes a marchas forzadas.
Gracias, perjuicios, miles de gracias.
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