21/7/11

Víctimas de nuestros prejuicios

Cuando camino por la playa para hacer ejercicio, constato, cada vez más, el engaño al que nos tienen sometidos con los medios de comunicación. Da gusto ver gente normal de la vida real a la que aplaudo (plas plas plas) por tener ganas de vivir, ir a la playa y al campo, disfrutar del agua, del sol y de la arena y pasar de los prejuicios, dando color, alegría y de todo a la vida. Es gente gorda, flaca, alta, baja, negra, blanca, amarilla y toda mezclada, con gafas y sin ellas, con buen tipo y mal tipo. Da igual. Ante el calor y el agua, las rocas, la luz y el buen tiempo apetece bañarse, nadar, hacer castillos de arena, flotar, jugar con los niños y entre los mayores, correr, saltar en el agua. Además con unas sonrisas, como si fuera su momento de liberación. Merece la pena.

En la televisión, ni siquiera en las películas españolas he visto esa variedad  - en las antiguas, posiblemente - si no es para reírse de algún personaje. Todas las mujeres tienen buen tipo y los hombres también. No hay personas mayores  -abundan en la playa - con nietos ni hay mujeres trabajadoras con muchos hijos que disfrutan de su momento, ni chicas feas pero alegres y simpáticas, de esas que cuando hablas con ellas se te olvida el físico, los problemas y todo. 

Me quedo con la vida real. Aunque a veces los dramas son atroces, las comedias brutales, nada puede mejorarla cuando se trata de dar sentido a la existencia. Fuera de la manipulación mediática.

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A salto de era...